Hoy, como de costumbre,
he terminado todas las tareas que tenía pendiente para el día. Me
siento y me acerco a la mesa donde está mi cena, cojo el mando de la
televisión y la enciendo para poder saber que ha pasado en el mundo
en las últimas horas. De nuevo, las mismas noticias con diferentes
protagonistas. Al parecer ha habido otro terremoto en un país lejano
que probablemente nunca podré conocer. Los ahogados en el mar
Mediterráneo provenientes de países en guerra se cuentan por
decenas cada día, pero para la mayoría es un simple número sin
cara, sin familia, sin demasiada importancia.
Al mes siguiente ocurre
una desgracia, un atentado en Francia, quizás aún peor en España e
incluso podría haber ocurrido en tu ciudad. Los programas especiales
sobre el evento se repiten continuamente, vamos a conocer la vida de
cada víctima, cada nueva emisión nos pondrá la piel de gallina,
nos hará preguntarnos porqué hay personas capaces de acabar con la
vida de otros, sin embargo lo que más tiempo ocupa mi cabeza sigue
siendo el examen del miércoles que no acabé de hacer bien después
de tantas horas de estudio.
